viernes, 4 de septiembre de 2009

8 minutos


Siempre me ha gustado ir en metro. En Logoño y Pamplona por motivos obvios no se necesita, de hecho con el bus sobra y basta. Pero siempre en Madrid o en Barcelona me gustaba ir en metro. Y aquí el metro para mí es como una pierna, porque si no lo tomase en ir a clase tardaría más de una hora andando y en ir a tomar algo por lo menos media, así que con la parada del metro en la puerta de casa estoy feliz.

Y el Metro de DC es un sitio concurrido donde pasan cosas y hay gente. Y si siempre lo tomas a la misma hora, te montas en el mismo vagón más o menos y haces el mismo trayecto, estas cosas se repiten.

Y en mi vagón de la línea verde a las 8.22 de lunes a jueves, siempre hay dos enfermeras con unos uniformes lilas que van leyendo el Express muy atentas, un tío que trabaja en la OEA (lo sé por su tarjeta que cuelga del cuello - aquí en DC quién no tiene una tarjeta de esas no es nadie, yo no tengo...) que se está leyendo Crimen y Castigo y cada día le quedan menos páginas, una chica de unos 16 con un uniforme de colegio privado gris (raro que sea de cole privado y vaya en metro...) y una rubia que viste bastante bien y siempre lleva tres bolsos (calculo el normal, el de los zapatos, porque ella va en chanclas, y el de la comida, pero ni idea). Estos son los que he podido identificar hasta el momento en mi primera semana tomando este metro.

Pero no solo en el metro se repiten cosas. Cuando llego a Rosslyn (primera parada en Virginia donde hay bastante movimiento desde el punto del día) están los de siempre. El que reparte el Express, un mendigo que me ve cada día tropezarme con la misma baldosa y se descojona, una señora en silla de ruedas que espera el ascensor, una pelirroja que va con el café de Starbucks corriendo al metro, una china que debe tener alergia al sol y siempre va con un paraguas que lo cierra en la sombra (donde me cruzo con ella siempre) y varios pilotos con sus correspondientes uniformes yendo a trabajar al edificio de Boeing que está al lado de mi clase.

Y todo esto si pierdo el de las 8.22 y tomo el de las 8.30 cambia. Y en lugar de enfermeras tengo a dos estudiantes, varios turistas y poco más porque solo me ha pasado dos días y no me ha dado tiempo a fijarme. Pero cuando llego a Rosslyn ya no está el del Express porque se le han terminado los periódicos, ni la de la silla de ruedas esperando el ascensor, ni la pelirroja que corre, ni los pilotos. Y para un día que iba más atenta (me había queado 8 minutos más en la cama, suficiente para ir más despierta) y no me tropiezo con la baldosa de siempre, el mendigo no estaba para verlo.

Pero sí que está la china, con su paraguas bien abierto porque me la he encontrado más arriba que de lo normal y ahí no hay sombra. Ella también se ha quedado 8 minutos más en la cama y va tarde, por eso además de ir con el paraguas va corriendo. Pero yo ni me inmuto, sigo andando a mi paso normal, porque si está la china eso es que no llego tarde. Pero sí que llego tarde, 8 minutos por los que ha cambiado mi primera media hora del día.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Mirala a la niña que ahora le ha dado por el relato corto. Pensaba que te habías tropezado con la china más arriba y el vagabundo estaba ahí o algo más casual. Sin rencor, sabes que me encanta leerte.
beso desde la ya empezada Pamplona donde no hay bus, hay Villavesa!!!
beso
JDL

Anónimo dijo...

Te has quedado dormida 2 días en una semana??? no está mal, Royo, nada mal. Llegas normalmente pronto a clase??? te han cambiado por ahí??? cuándo vuelves???
aquí ya estamos de vuelta desde hace una semana, no sabes lo que es....
bsos desde el Central
Pat

Inés Royo Oyaga dijo...

A ambos, sé que le vuelta al ruedo el día 1 ha sido complicada, pero ya veréis que bien cuando en Navidad tengáis tres semanas.

1. Con rencor, te las devolveré todas
2. Llego pronto todos los días, si lo hago ocho veces al mes me quitan la visa... y no esoty para chorraditas

miss uu
besos