
Hace ocho años el día antes a empezar 4º de ESO estaba en el sofá del salón de mi casa viendo a Matías Prats cuando vi que las Torres Gemelas se estaban quemando. Y la media hora vi como un avión se estrellaba contra la segunda. Y al poco vi que se caía una y luego otra, y yo no entendía como Matías no gritaba y mantenía la calma.
Ese día no entendía muy bien qué pasaba pero estuve horas delante de la televisión con mi madre y cada pocos minutos se me ponía la piel de gallina: polvo, gente que se tiraba por la ventana, cada vez una estimación de muertos mayor... Y desde ese día todo lo relacionado con el 11S me empaña los ojos.
Y esto me ha sucedido cada 11S cuando se recordaban una y otra vez las imágines, en la Universidad cuando he tenido que estudiar la cobertura informativa o el impacto internacional del ataque y lo que suponía para los americanos y la historia mundial. Y, mucho más, cada una de las cuatro veces que he visitado Nueva York este último año cuando me acercaba al enorme solar que esas torres dejaron y ves que ahí no se ha levantado apenas un piso en donde había 410 metros.
Todo el mundo recordamos dónde estábamos, con quién y qué hacíamos ese día a las 3 de la tarde en España. Pero por suerte o desgracia apenas habrá gente que recuerde el número de víctimas exacto, de dónde procedían los aviones que se estrellaron contra las torres o que no solo fue un atentado en New York contra el World Trade Center, sino que hubo uno contra el Pentagono otro cerca de Pittsburg y previstos tenían otros contra el Capitolio y la residencia de verano del Presidente.
Hoy después de ocho años voy a pasar el 11 de septiembre en Estados Unidos. Y aquí no se han olvidado de nada. De nada. Desde el lunes en muchos edificios de oficinas y en apartamentos hay banderas de USA colgadas, actos en recuerdos a las víctimas y en los colegios no están permitiendo que los jóvenes, que eran niños o ni habían nacido cuando todo sucedió, olviden, porque tienen un libro para ello.
Y durante esta semana cada vez que he mirado hacia arriba y he visto esas banderas me acordaba de mi sofá, de mi tele, de Matías y de la gente saltando por la ventana o corriendo por Manhattan. Y aunque han pasado 8 años y ahora entiendo todo no puedo evitar que se me siga poniendo la carne de gallina. O empañando los ojos. Y hoy en Washington creo que me va a ser difícil evitarlo.
4 comentarios:
Creo que todos recordamos dónde, cómo y cuándo... Es increíble ver la Zona Cero... Ufff y hasta me resulta irrespetuoso fotografiarse allí, yo simplemente inmortalicé la destrucción....
MUAK
Igualito que en España, vamos.
Ocho años después nadie ha respondido a estas dos preguntas tan simples y tan complejas: ¿Por qué? ¿Para qué?
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