
Estaba dejando pasar unos días antes de escribir este post para que no fuera fruto de mi mal humor del momento, pero tras 8 días mis ideas siguen igual, así que ahí voy. Nunca (como ya advertí hace un par de entradas) compréis un HP. Son los más bonitos por fuera, los del teclado más futuril y plateado, los de mayor memoria y los más caros. Pero a la larga son, con perdón para los que se ofendan que he recibido críticas por las palabrotas, una mierda.
Y yo me compré mi HP nada más llegar a Washington en vez del Mac que llevaba soñando un tiempo. "Inés, no seas pija, si hay otro medio bien por 300 dólares menos te lo compras, otra vez será el blanquito Mac". E Inés, que cuando llegó comenzó su proceso de maduración, dejó de mirar de reojo el Mac y se compró el HP plateadito por 300 dólares menos. ooooonnnnnkkk (póngase sonido de pato afónico) ¡Error!
Porque todo bien durante casi un año (salvo algún problema con internet cuando vivía en Crystal City, pero me planteé que era yo la del problema porque en España siempre tenía problema con las conexiones...). A veces lento, otras como tenía que ser, hasta que hace unos meses se me cayó (y la cosa se empezó a poner un poco fea) y hace unos días se murió.
Que pensé en no resucitarlo y comprarme el ansiado Mac. Pero otra vez volví a pensar "Inés, no. Sé lista, libra toda la info, arreglalo y el Mac para otra ocasión". Y así hice. Lo llevé y obtuve un "te lo miramos y te llamo mañana para ver qué tiene y qué haces con él, pero de momento te libro la información y solo tienes que pagarme 99.99 dólares por el disco duro externo para guardarla, 79.99 por el proceso y 69.99 por el diagnóstico". Primer mosqueo: ¿por qué no ponen precios redondos?, ¡lo del precio psicológico me entra por un oído y me sale por el otro!
Pagué religiosamente (pagó la American y todos sabemos quién está detrás de la American Express, gracias, otra vez) y comenzó la aventura. Me llamaron a las 8.30, estaba en el metro sin cobertura, llamaron al santo que puse como segundo número, estaba durmiendo, se cago en mi padre, habló con el tipo de la reparación, me mando un textito para avisarme y yo no llamé hasta por la tarde cuando terminé de trabajar y el tipo se había ido. Era viernes.
Aunque aquí se abre sábados y domingos el tipo en cuestión, Daivid para los amigos y todos los somos desde este momento, estaría de fiesta, y no me cogía. Así que hasta el lunes que Daivid, después de descansar alegremente todo el finde y estaba fresquito como una lechuga, me volvió a llamar a las 8 de la mañana para decirme que mi ordenador tenía más virus que una guardería. Ok. Mi respuesta en resumen: Gracias, arreglalo y cállate. Pero no era tan fácil aquello.
Daivid necesitaba unos discos de restauración del sistema que tenía que pedir a HP o traerlos de la caja de cuando compré el ordenador un año atrás. Y yo que guardo todo no tenía los discos, porque los discos nunca estuvieron en esa caja inicial, así que empezó la tortura de contactar con HP. Primero vía internet. Tras media hora intentando encontrar mi modelo (HP calculo que tiene 100 modelos diferentes con nombres y números para más diversión del cliente) y rellenando campos para que me dé error a la hora de pagar con cualquier tarjeta. Una, dos, tres, cinco, ocho, doce veces. Ya fue, no se puede. Probemos con el chat en directo.
Un asistente llamado Trevor me intenta ayudar, me entiende, yo con un mosqueo que ni me tengo, (no le insulto, el pobre Trevor no tiene culpa alguna de trabajar en una compañía mediocre, las cosas están muy mal hoy en día como para elegir), me ayuda y me lleva a la página donde yo no puedo pagar con mis tarjetas. ¡Pelotudo de Trevor, para eso no te chateo, ahí ya había llegado yo! Todo esto en dos días, hacer estas cosas sin ordenador es complicado...
Mientras, Daivid, impaciente por arreglarme mi laptop, no deja de llamar a las 8 de la mañana y cuando ya no le contesté fue vía mail, pero Daivid no se percató de que sin ordenador yo leía el mail con bastante retraso...
Quinto día, llamamos por teléfono a HP. Rezamos yo y mi inglés, tengo todo en una hoja, modelos, visa, número de serie, kit que necesito, dirección, teléfono... "For English press one, para español pulse 2". ¡A la mierda! ¡En este país ni queriendo se puede practicar inglés! Presiono dos, no está la cosa para chorradas.
Me atiende Marcos al que después de darle las buenas tardes le aviso educadamente que es la octava vez que intento conseguir el kit por tres vías diferentes, que necesito mi computadora y que estoy de mal humor, pero que no piense que soy mal educada. Marcos responde políticamente correcto (porque no me puede mandar a la mierda) y me pide los datos que durante cinco días he metido en la página de HP pero por lo visto no ha quedado claro mi nombre y mi email, y se lo repito. Me dice lo que necesito, me lo pide, me dice lo que cuesta (a estas alturas 29 dólares me dan exactamente lo mismo), me pide la tarjeta y ¡Error! "No puede pagar con tarjetas extranjeras". ¡Ah!, ¡muy bien!, ¡gracias por avisarlo online y volverme loca!
Le doy la tarjeta de aquí, mi dirección y mi código postal y error. "¿Segura que es esa su dirección postal?". Hombre, Marcos, con lo bien que ibas... "Sí, ahí vivo desde el día 26 de agosto de 2009, seguro, o por lo menos de ahí tengo llave...". "No sé, señora Inés, no me acepta la dirección". Paso lo de señora por alto y se me enciende la bombilla: "Lerdos de Bank of America que me seguirán mandando las cartas que nunca abrí a Crystal City...". "Ok, Marcos, pruebe con mi antigua dirección que es... mmm... espere... 3oo veinti algo... buff, mmmm..." (mente en blanco un ratito hasta que me acuerdo). Sí, aceptada, ya está, recibirá los discos en un par de días.
Y en un par de días los disquitos estaban en mi buzón, lo llevé a la tienda (era viernes) y hasta el martes que me mandaron un mail (¡a ver, que sin ordenador leo el mail de ciento en viento, coño!) y ya hoy he ido. He esperado 45 minutos una estupenda fila mientras delante de mí se recogían de arreglos 8 HP de 10 personas que había, he esperado otros 15 minutos a que la amable señorita me encontrara el cargador que ha perdido y me ha dado uno nuevo, he pagado lo que faltaba (bueno, la American) y me he ido con mi puñetero HP arreglado.
Y lo primero que he visto en mi mail, leído desde mi laptop a una hora correcta, ha sido una encuesta de HP para valorar sus servicios. Y entonces sí que ya me he despachado a gusto. Porque salvo el porbre Mario, o Marcos, ahora ni me acuerdo, que se ha llevado un 6, el resto de casillas se ha llevado un 0 ó un 1.
Recordarme que no vuelva hacer a caso a mi yo interior y la próxima vez que tenga que comprar un ordenador sea pija, caprichosa y todo lo que sea. Pero yo me voy a comprar un Mac como dios manda.
3 comentarios:
Siento decepcionarte .Y me parece bien que te acuerdes del padre de HP ó de H y P pero si llegas a tener otra marca sería más de lo mismo ,yo lo he sufrido con HP,Acer,Toshiba y ahora que tengo un Mac rezo por no tener ninguna incidencia porque ya no me fío ni de mi mismo y me da igual que sea un laptop un PC ó una cámara de fotos ahora las cosa se compran y si se rompen se tiran .¡¡Mierda de consumismo y globalización!!
Bueno, yo aqui sigo con mi HP hasta qeu vuelva a fallecer que entonces sí me compraré un MAc que se romperá igual pero por lo menos atención al cliente es mucho mejor, que ya lo comprobé con los ipods.
Besos
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