
Ayer estuve callada hasta las 4.30 de la tarde. Raro, raro, raro... Y es que no me cruce con nadie conocido, ni fui a la oficina, ni vi a mis roomates hasta por la noche. Así que hasta que llegué a buscar a las niñas al ice rink (los lunes patinaje artístico, ellas son así de modernas y versátiles) no me dí cuenta de que estaba afónica. Fui a decirles ¡hello! y me salió un ¡--el---o! Y las dos me miraron y se empezaron a cagar de risa.
Mientras una terminaba su clase, la otra me daba charla, y yo, a medida que iba hablando, conseguí que mi voz de Manolo fuera, primero, apareciendo, y luego, suavizando (pasamos de Manolo a Luis en una hora). Pero de vuelta a casa me quedé muda otra vez y no hablé en toda la tarde hasta el punto que la sabía número 2 de 5 años me dijo: "¿Qué te pasa, Inés? You are very quiet today...". Eso, una sabía.
Y me dí cuenta de que la realidad de la compleja vida es que hablo por los codos. Y aquí que tan sinceros son mis amigos hay veces que me dicen "Inés, cállate ya" (con la misma sinceridad con la que me llaman gorda) o yo misma me doy cuenta de que estoy hablando demasiado y digo "ya, ya me callo". Pero según estoy diciendo "ya me callo" ya tengo otras tres cosas que decir...
Perdón, pero así es la vida. Y si conocieráis a mi madre entenderiáis todo.
Gracias a los pobres que cometieron el error de llamarme a las 9 cuando pude hablar de nuevo y tuvieron que aguantar todo lo que no había hablado durante el día.
3 comentarios:
Y dale! que si que hablas mucho pero que no nos importaaaaaaaaaaa, si no hablaras tú las cenas serían un silencio continuo y nos volveríamos locas todasssssssssssss.
Besos Royo
Mari
Hasta por los codos amiga, hasta por los codos... MUAK
Vale, vale, yo sigo
Cris, hablo blas zorraaaaaaaaaaaaaaaaa
besos
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