Hace unos años escribí una de las entradas que más comentarios, visitas y fans (y contra fans) ha tenido en la historia de este blog, el Diferentes pero iguales con la que, cuando todavía no había pisado suelo argento pero compartía casa con dos argentinos en Washington DC, hice un diccionario Español-Argentino para dummies.
Bien. Cuatro años después, con dos años y dos meses de ellos viviendo en Buenos Aires, retomo todo lo dicho y añado un concepto vital para poder sobrevivir, o simplemente vivir, en Argentina sin morir en el intento: el concepto "ratito".
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, que puestos a confesar confieso que tengo la aplicación bajada en el iPhone y, peor, la uso con asiduidad, rato es "espacio de tiempo, especialmente cuando es corto". Tiempo. Corto. Hasta aquí todo fácil y sencillo, y para toda la familia.
Pero en Argentina (y en Uruguay, vamos a empezar a poner a cada uno en su sitio y en esta ocasión van juntos) un rato respeta el concepto de "tiempo" pero el adjetivo "corto" es algo que se olvidan por el camino.
Hay dos frases con las que si alguien te las dice en este santo país es mejor que te eches las manos (las dos) a la cabeza: "Quedate tranquilo, yo me ocupo" (léase quedáte) y "Dame un ratito". Cagamos.
La primera debe entenderse como su opuesta. Es decir, preócupate y ocúpate tu mismo porque menos tranquilo puedes estar de todo. Y la segunda debe recibirse con su acepción rioplatense, "dame un rato largo y algo haremos". Riquezas del idioma desesperantes para mi persona.
A efectos prácticos, por ejemplo, aquel día que fui a Migraciones, llegué con todos mis papeles y mi paciencia y tenía que tener entre ellos una fotocopia de mi pasaporte pero en ningún lado lo ponía, y el bueno de la ventanilla al verme tan gallega, tan alta y tan mona me dijo "quedate tranquila, vete a Retiro a hacer las copias que yo te guardo el turno" y lo que, en principio, debía ser motivo de tranquilidad se convirtió en un abrir y cerrar de ojos en un reto para mis piernas y mi rapidez orientativa, porque si tardaba más de 20 minutos en hacerlo es probable que el de la ventanilla se olvidase de mi careto, no me guardará el turno y tuviera que volver otro día.
De la misma forma cuando a última hora de la tarde el de la izquierda me escribe o llama y me dice "termino unos mails y en un ratito estoy en casa" es una media de una hora, sesenta minutos, tres mil seiscientos segundos para hacer lo que me dé la real gana que hace 8 años equivalía a irme de Logroño a Pamplona y deshacer la maleta. Una hora es un ratito, hay que joderse.
Así que como lo digno es adaptarse el idioma del lugar donde vivo y me da tan buenos ratos he decidido que me voy a poner a dieta, a dejar de beber Coca Cola, a peinarme y a planchar la ropa. Pero en un ratito. Un ratazo más bien. De días. De meses. Un rato argentino.
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