Todavía no soy madre. Ni padre, claro está. Pero por un no sé qué, qué sé yo, y tras hablar mucho con mis jefes y compañeros de trabajo que sí lo son, al margen del primer "mamá", del primer diente, de la Primera Comunión y de la primera borrachera de un hijo, hay un momento trascendental de la vida de todo padre que es ese día en el que lanza LA frase: "Bueno, ¿qué quieres estudiar?" y la respuesta no va seguida ni de Medicina, ni de Astrofísica, ni de Notario.
Y siempre he pensado que mis padres han pasado por eso cuatro veces. Cuatro.
El día que mi hermana María soltó por esa boquita que quería hacer Bioquímica, antes de decir nada me temo que fuimos todos en sprint a la enciclopedia a ver qué era eso. Años más tarde confesó que estaba en la biblioteca del instituto viendo carreras, vio Bioquímica, vio que sólo se estudiaba en Murcia o en Navarra, y dijo "esta va a ser". Y fue. De lo que sí me acuerdo es de la fila en el Edificio Central de la Universidad de Navarra para hacer la matrícula, por aquel entonces en pesetas, y de un herbolario gigante que tuvo que hacer con hojas que mi abuelo le traía de sus largos paseos y una colección de esas de Planeta de Agostini que solo ella hacía y terminaba.
Pero yo estoy presente cuando a mis padres les dicen "qué lista es María", porque encima es lista, y se les cae la baba.
Poco después fue el turno de Ana. No dudó lo más mínimo y saltó con que se iba a hacer Hostelería a Santo Domingo de la Calzada. Bueno, alguien que sigue parte de la tradición familiar... Pero no era todo tan bonito. Ya veían mis padres a Anita trabajando festivos, metiendo más horas que un sereno, con síndrome del túnel carpiano... Pero lo hizo. De repente iba vestida de cocinera, luego de metre, luego hizo Restauración y no hizo más cosas porque ya no había nada más que hacer. Yo me acuerdo de que se despertaba muy pronto y de que cada dos por tres había que ir a una tienda de cuchillos a comprar cosas tipo descorazonador de manzanas (que sí, que existe) que llevaba junto con cuchillos tamaño espada en un portacartulinas azul. Como para que le parase la policía.
También estoy cuando alguien les dice por la calle a mis padres que han estado en el restaurante con Ana y les ha atendido "de diez, es una profesional como la copa de un pino", y una lágrima empieza a asomarse.
Después de unos años de tregua todo parecía que podía darse, con mi Bachillerato de Ciencias de la Salud, mis libros de freak y mi pasión por las series de médicos. Y el día que me preguntaron dije Periodismo. Sin pestañear y sin anestesia. "No me jodas". Esa fue una de las reacciones más suaves de amigos periodistas de mis padres. Pero ahí estaba yo con una sonrisa de oreja a oreja viéndome ya en la televisión. Y volvimos a Pamplona y lo hice. Y como no me quedaba solo contenta con eso me hice un diplomita de especialización en comunicación política, que parecía que sonaba más serio. El día que estaba trabajando desde casa actualizando el Facebook de un cliente confirmaron que no había sido buena idea dejarme hacer lo que quise.
¡Ja! Ese primer "Teléfono del Lector" que escribí en mi primer día en diario La Rioja se lo leyeron de cabo a rabo. Lo sé.
En la última intentona llegó mi hermano Felipe que como ya era de la ESO profunda tenía un lío importante en la cabeza. Tiró por Economía y seis meses después dio marcha atrás y nos confesó cabizbajo "quiero hacer Publicidad". Tuve que explicar un poco a mis padres qué íbamos a hacer con eso. Yo apoyé firmemente a mi hermano. Volvimos al Central a hacer la matrícula del niño y compartimos facultad durante un año. Entre creatividad, copy, artes finales y demás términos que nadie entendía, un día de repente estábamos en su licenciatura. Todavía no sé si ha quedado claro qué es a lo que se dedica el chaval. Pero yo todavía sigo siendo fan de la página de su proyecto de fin de carrera y sigo sin haber recuperado mis apuntes de Primero.
Y mis padres todavía están asimilando ese día en el Palacio de los Deportes en el que mi hermano dijo "ese cartel de ahí, desde el diseño hasta ponerlo, lo he gestionado yo" o el día que fueron a un evento que él había organizado.
Pero la cosa no termina aquí porque en mi casa ya ha empezado la segunda vuelta. La primera, 12 años después, está terminando segundo de Enfermería; la segunda, 13 años después, está terminando primero de Auxiliar de Farmacia y el cuarto, 2 años después, está esperando respuesta de un Máster en Comunicación Política y Corporativa.
Falto yo en el segundo turno.
No descartemos la idea de Medicina, o, mejor, de actriz.
No descartemos la idea de Medicina, o, mejor, de actriz.
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3 comentarios:
Actriz , Actrizzz!!
Eres la monda! Un besazo!
Jajaja yo estoy con Verito, actriz. Pero en logroñooooooo o por lo menos en Españaaa
Un besazo
Ah!Y si que había más cosas por estudiar en Santo Domingo;)
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