jueves, 17 de diciembre de 2009

De vuelta


He vuelto a casa.

El viaje fue de estos días entrañables de mi vida. Alquilé un Shuttle (unas furgonetas azules que son como taxis compartidos) para ir al aeropuerto tranquila, sin volverme loca con el bus, el equipaje y los horarios, y facturé sin problemas de peso (de las maletas, que si me hubieran pesado a mí sería otro cantar). Sin mucha espera.

La verdad es que me gusta el aeropuerto. No sé, para mí hasta hace poco viajar en avión era algo raro e inusual de gente de negocios o de artistas. Así que de vez en cuando me da un aire de flipada del universo y me siento la reina del mundo con mi compu, mi sombrerito (que me dio el viaje, por cierto) y mi pasaporte español que lo enseño con un orgullo que parezco facha.

Y ya ni me molesta el control de seguridad. Me quito todo lo que me indican, lo pongo todo en las cajitas, paso el arco, sonrío, me vuelvo a poner todo y a caminar en las cintas transportadoras cual mercancía hasta llegar a mi puerta de embarque.

Tuve que esperar un par de horas porque fue todo muy rápido así que abrí el ordenador y un archivo que solo abro cuando estoy de viaje. Un documento que empecé en mi primer vuelo a DC en el que escribí las cosas que tenía que hacer y cuatro ideas más, que completé en mayo con 10 miniobjetivos, y que el lunes repasé a ver qué había conseguido y qué no. Y... ni tan mal, 8 de 10. Bien, Inés, bien.

Me tomé una Coca, observé al personal (pero esto para otro post) y embarqué. Ventanilla, mucho sueño y 7 horas y 20 minutos por delante para, esencialmente, roncar. Tras tres horas de comida, ponte bien y estate quieta, y un par de capítulos de 30Rock, me dormí.

Pero todo era ilusorio, unos 30 minutos después, mientras estaba soñando con la playa (desfase estacional lo podremos llamar) una turbulencia de estas que te los pone de corbata me aguó la fiesta. Y así las dos siguientes horas en las que primero estuve tranquila, segundo, comencé a ponerme algo nerviosa, y tercero, y tras media hora que parecía aquello el Dragon Kan, me acojoné. Y como yo, el de mi lado y el de más allá, porque ahí nadie decía nada, pero seguro que más de uno ha visto Lost y estaba ya pensando qué íbamos a hacer hasta que nos rescataran del accidente y, mientras el comandante pedía paciencia al pasaje por la megafonía, me di cuenta en el mapita que estábamos encima del puñetero océano así que no había oportunidad de vida isleña. Entonces solo me quedaba jugar con mi pantallita, porque estaba con un capítulo de los Simpson y pensé que era triste morir viendo los Simpson, así que busqué algo más cool mientras ese avión subía y bajaba sin parar.

Pero paró, me dieron un zumito, y sin volver a dormir y apenas darme cuenta, estaba en Londres. Primera escala, viaje movidito y primer lío: tardaron en desembarcarnos una hora así que tenía que correr, y mucho, si quería llegar en menos de 50 minutos a otra terminal para el vuelo a Madrid.

Cargo la compu, el bolso y el sombrerito y echo a correr. Se me cae el sombrero, subo al bus de cambio de terminar, se me rompe la cinta del maletín del ordenador, lo cojo con la mano, llego a la terminal, se me cae el sombrerito otra vez, corro más, pienso que llego, doblo la esquina y ahí, sin avisar, un control de seguridad en el que podría haber 500 personas sin ningún tipo de prisa. Premio, ahí te quedas.

La verdad es que pensé en colarme pero eran demasiadas explicaciones a demasiada gente y yo no podía ni respirar de la carrerita. Pensé en hacerme la coja para ir por minusválidos pero no iba a colar. Pensé que ya fue, me espero y si llego bien y si no también, algún día antes de Navidad yo llegaría a Logroño. Así que, resultado: la nena perdió su vuelo a Madrid, y por tanto, su siguiente vuelo a Pamplona. Gran llegada a Europa.

Pero eso era lo de menos. Una amable señorita de Iberia que no hablaba español (con la de españoles bilingües que hay en el paro tienen que poner a esta tía) me cambió los billetes y me tocaba esperar cuatro horas en Londres, sin teléfonos, sin internet, muerta de sueño y sin monedas para llamar desde la cabina y como esto es Europa aquí eso no se puede pagar con Visa (y ni un comentario de "haber sacado del cajero" ¡qué no funcionaba!). Así que me senté, me tranquilicé, calculé que después en Madrid tenía otras 6 horas de espera hasta embarcar en el siguiente a Pamplona y me dije: "Paciencia, Inés, que va para largo".

Y así fue. Conseguí una compu para avisar que no llegaba a los que sabían que estaba de viaje, nadie conectado, esperé, se conecto David, le mandó un mensajito a mi padre para avisarle, puse un post en el wall de Facebook de Marta, mi hermana lo vio, se enteró de que estaba de viaje, nadie la contestaba ni contaba nada, cundió el pánico en España porque no me localizaban y yo mientras, me estaba comprando West Wing la serie completa para darme un premio por paciente y educada y buscaba mi sombrerito que me lo había dejado en un banco (lo encontré).

Dormí todo el viaje a Madrid, conocí a chico que vive en LA que tenemos varios amigos comunes, y me quedé en Barajas. Paseé T4 arriba, T4 abajo para intentar deshinchar mis tobillos que los tenía como un elefante, intenté sacar dinero, no pude, di otra vuelta, ya saqué dinero, me comí un bocatita de jamón, con una coca-cola fría con hielos de verdad y limón (y fui feliz durante 5 minutos), pedí un móvil para llamar a mi padre, me dormí un par de horas, me desperté y me fui a Zara (y me compré unos zapatos). De camino a mi puerta me encontré con la que fue mi tutora en la Universidad y luego mi jefa en el Máster, aluciné, hablé diez minutos sin parar después de todo el día callada y cansada de oírme pensar tantas cosas, y me fui a Pamplona.

Niebla, media hora de viaje, mis maletas probablemente en la China, a mí ya me daba igual todo, pero llegué.

Y ahí estaba yo, en Noain, después de 10 meses de haberme ido. Empezó a nevar, sonreí a pesar de todo, salieron mis maletas por la cinta y, además, me estaba esperando David con una sonrisa de oreja a oreja. 24 horas después de haber salido de DC había llegado a casa, muerta, pero ahí estaba. Y lo mejor estaba por llegar...

Welcome.

5 comentarios:

CRIS dijo...

Ese es el bar que hace esquina en Barajas y que está al lado de los ordenadores no???. Mietras esperaba mi vuelo a DC hice una paradita igual... WELCOME JIRAFILLA...!!!. MUAK

Martín Schmitt dijo...

Bienvenida, nena!!! Te quiero ver pronto

Luisgui dijo...

Si afinas el olfato lo olerás... hmmmmmmmmmm txuleton, txuleton, txuletttttttttttttttooooonnn. Eh, la sidra. Fresquita y un punto ácida, te esperamos

Anónimo dijo...

AHHHHHHHHH NO ME LO CREO!!!!!!!
Que bien, que bien!!!! nos abes las ganas que tengo de verte, te llamo en cuanto salga del currelo!!! hoy te veo en la Cúpula???
ESpero que no seas tan lerda de ponerte a trabajar detrás de la barra!!!
beso giganteeeeeeeeee

Inés Royo Oyaga dijo...

Cris, el ese bar. Yo la única tipa pidiendo móviles, porque lo demás ejecutivos agresivos...

Martín, ahora nos vemos.

Luis, chuletón, chuletón!!!! para enero y empezar bien el 2010

Anónimo, aquí toy!!!! Estuve en la úpula viernes y sábado, este finde vuelvo tmb.

besos a todos