martes, 22 de diciembre de 2009

A nuestra manera



Hace una semana que puse pie de nuevo en territorio español. Y no es que lleve dos años en la guerra o en el desierto, pero al volver de Washington tras diez meses muchas cosas o se me habían olvidado o me he bienacostumbrado en las americas.

Lo primero el ruido en los sitios, generalmente cafeterías y restaurantes. ¿Por qué (POR QUÉ) los españoles gritamos tanto? El otro día mientras desayunaba me enteré de dos divorcios y de un embarazo de las amigas de las de la mesa de al lado, y sin poner demasiada atención. "PUES LAURA ESTÁ EMBARAZADA, QUÉ LOCURA CON LOS TIEMPOS QUE CORREN...". Al mismo tiempo que molían café, sonaba un móvil y un niño gritaba para arriba y para abajo. Yo no puede más y les dediqué a todos un ssssssshhhhhhhhhhhh que me salió del alma.

Dos, los baños. El grifo del lavabo solo con un mando. Que quieres agua fría para la derecha, que quieres caliente para la izquierda, que quieres templada juegas al equilibrio en el centro (generalmente porque, por ejemplo, en mi casa es justo al revés). La cisterna se activa presionando un botón o subiéndolo, nada de palanquitas del año de la guerra en el lateral. La ducha no está incrustada en la pared, puedo moverla. Y, el tema escatológico, la cantidad de agua que hay en el inodoro es inversamente proporcional a la que hay en el océano, con lo cual no hay peligro de que nada salpique.

La Coca cola sabe diferente, sobre todo la de lata, pero en un par de días ya me supo normal, y hay Kas Limón para beber un Ginkas como dios manda, con mucho hielo (no picado y hasta arriba), con limoncito exprimido y con limón, no tónica, ni Nordic, ni soda, ni sucedáneos baratos.

Hay hora del aperitivo sin prisas (sobre todo si estás de vacaciones), la gente se saluda por la calle con un ¡Hasta luego! y en el ascensor se habla del frío polar ártico que sumerge al país desde hace una semana.

Los pasos de cebra están bien pintados, la gente no circula por la derecha, va por medio y mitad, y para entrar o salir de un sitio se sigue la norma de "tonto el último", nada de una fila ordenada y lógica de dejar salir para luego poder entrar mejor.

Se puede fumar en todos los santos lados. Esta me puso de mala leche desde el primer día cuando llegué a casa y olía que parecía un puñetero cenicero andante (por lo que me han contando en enero esto se va a terminar, pero lo mismo me dijeron hace cinco años y no cumplió la ley ni el Gobierno). Y además no hay refree en los sitios, una coca me dura ahora menos que el cantar de un vizcaíno.

Pero a pesar de todo España me encanta. No sé cuánto tiempo voy a estar fuera pero antes o después volveré. Y así no podré echar de menos el jamón, ni el pan, ni la calle.

Porque tenemos una manera muy nuestra de saborear la vida. Y que bien sabe que te quieran. (Ya me lo dicen los de Campofrío en su anuncio con el que no me he podido sentir más identificada).

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hubiera sido mucho más original si el anuncio lo haces tú cambiando un puding con alguna gringa bajo el National Mall, nada de cascos azules....
enhoabuena por tus premios.
te quiero ver
beso
Mar