
Hay años que a uno le cambian la vida, y sin pensarlo mucho 2009 ha sido el mío. Atrás quedó el 2004 cuando empecé la Universidad o el 1995 cuando hice la primera comunión. 2009 y yo estamos unidos hasta que algún año me pase algo que supere a éste, y el listón está bastante alto...
Empecé el año con esos nervios de me voy en nada, aprovecha que te piras y último mes en Pamplona con mi primer trabajo. Además La Estellesa se reformaba, Obama subía al trono que más tarde se convertiría en edificio vecino, tenía una de esas experiencias entrañables que te hacen madurar con mi nevera y me mudé por octava vez en mi vida.
La cuesta de enero fue inexistente porque yo era la primera vez que cobraba en condiciones y además le había podido comprar un estupendo regalo a mi padre para su despacho (que meses después dejó de ser despacho). Ya antes de pasarme nada me di cuenta de que me estaba haciendo mayor, celebré otro puñetero San Valentín entre un halo de romanticismo y otro de odio, y la tecnología me concedía el privilegio de poder disfrutar durante un mes de uno de los mejores inventos del año, y toda la música del mundo mundial junta (cuando me fui a USA quería morirme sin tenerlo). Y ahí, sin comerlo ni beberlo, llegó el día 27 y mi partida. Tras la mejor fiesta de despedida que podía imaginar y darme cuenta de que en el fondo hay gente que me quiere demasiado, tres maletas y un sentimiento de curiosidad a ver qué iba a pasar cruzaron el charco. Pero nada en mi cabeza parecido a lo que en realidad he vivido...
Marzo fue el primero en Washington. Normalmente la gente lo pasa mal el primer mes. Yo era la reina de Saba. Estaba con gente que ya conocía, vivía en el hotelazo en el centro, visitaba todo gratis, clases en George Washington University, primeros grandes amigos, fiesta, seminarios... Y todo me sorprendía: la ropa, la ciudad, la gente. Aunque no olvidaba las cosas de aquí, ni a los de aquí, entre los que menos a mi padre que me sorprendió con la decisión de dejar de trabajar.
Pero como todo lo bueno se acaba comenzó de verdad la aventurita de vivir en un nuevo país sin tener nada. Aunque no sé si la cosa fue a mejor. Dos de las personas más importantes del año me instalaron en su sofá por unos días (al final cuatro meses) y me hacían la vida más fácil, original y divertida. Mientras, yo, entre la novedad y la inactividad del momento, me volvía idiota y cumplí los 23 en New York acompañada de los patrocinadores oficiales de mi vida que vinieron de visita (la primera de unas cuantas).
Llegó mayo con las flores y con la partida de mis viejos. Eso, más algún que otro cambio, trajeron el bajón esperado (que parecía nunca llegar) de vivir en otro sitio y no encontrar tan fácilmente el camino correcto. Pero el mundo andaba pendiente de una gripe que se expandía sin avisar y a mí no me quedó otra que espabilar un poquito. Instalada en la habitación de él de aquí cerca mientras estaba fuera, me introduje en la cultura argentina como si fuera aquello el mismo Buenos Aires, comencé mis trámites para ser un poco legal en el país más rico del mundo, seguía alucinando con las cosas y la gente, y volví a España de papeleo tras tres meses de mi partida. Regresé a DC en unos días. Renovada, con ganas de todo y de nada, y un poco triste viendo que la Navidad quedaba a ocho hojas del calendario y no me había podido despedir en condiciones de todo el mundo. Pero esta ciudad se había convertido demasiado rápido en mi ciudad, ya conocía de memoria el metro y las calles, así que sabía que iba para largo.
Tras un viaje un poco complicado y una llegada un poco triste, llegó junio y el calor. Yo, a contracorriente, empecé a hacer algo de provecho y arranqué la rutina de ir a clase y trabajar un poco. Aunque tampoco sin forzar, que había que disfrutar del sol (aunque no hacía falta tanto) y de la lluvia que quiso desesperarme durante días en Crystal City mientras me perdía San Bernabé, tenía el tercer intento frustrado de mudanza a una casa por mi cuenta, saqué mis primeros exámenes y recibía a la enana que no quería perderse mi vida por allí.
El verano lejos de la playa (y una pisicina en mi "propia" casa) avisaba que iba a ser diferente a los anteriores. Con una compu pegada a mis dedos prácticamente la mayor parte del día podía mantenerme en megacontacto con quién quería, mi enganche a Facebook creció desmesuradamente y mi mecanografía mejoraba a pasos agigantados. Celebré el 4 de julio en vez de San Fermín y tuve un resto de mes un poco complicado. Quería moverme y no podía, quería escribir y podía menos y, como desde hace años, pasé la tercera semana de julio recordando cosas buenas y malas. Aunque esta vez tenía a muchísima más gente para olvidarlo, seguir disfrutando y viviendo experiencias que pasaran a la historia de mi vida, y de este blog, que no dejaré de contar aunque pasen mil años (aunque solo sea por lo mal que lo pasé y lo que me reí después).
Tras mi primer seminario en GWU, el Real Madrid, Paul McCartney y Dave Matthews Band en DC, pasé calor todo agosto, seguía con mis clases, mi compu, mis cosas y mi gente. Algunos en la distancia recordándome todo lo bueno que tiene España, y otros en directo, como Ignacio que pasó unos días por DC a ponerme un poco la cabeza en orden, a darme de comer y beber, y a pasar la semana de más calor del año conmigo. Todo seguido como el pasodoble, por fin, me mudé a otra casa, con otros tres roommates, en DC y alejada del lujoso Crystal City que quedará para siempre en mi recuerdo. Ahora tocaba zona chunga. Pero cambié piscina y gym por televisión de plasma, metro en la puerta y habitación propia.
El otoño no llegaba, ni llegó, y el verano se iba a prolongar hasta bien entrado octubre. Septiembre fue el volver a empezar de siempre. Nueva casa, curso avanzado en el college, nuevo camino a clase, nuevas idas de olla, mismas preocupaciones y sentimientos. Al mismo tiempo nueva gente y nuevo deporte en mi vida (para ver, lo de practicar no ha encontrado sitio en 2009). Igual que no encontró sitio San Mateo, y me lo perdí, y lo tuve que celebrar con unos gin tonics que buenamente pude imitar a los que ponía cuando trabajaba en el bar.
La actualidad me sacó de mis casillas un par de veces entre las hijas góticas de mi presidente, el fracaso de Madrid 2016 y el Nobel a Obama. Pero mi final de septiembre fue mucho más complicado que todo eso y pasé la peor semana del año (probablemente de los últimos años) y estuve de que no varios días. Pero se me pasó. Entre espontáneos anónimos que me arrancaron una sonrisa, los que estaban conmigo sin moverse que me arrancaron varias (y un pedo monumental) y otro de los momentos estelares de mi año con realeza incluida, volví a estar feliz en DC, demasiado integrada, y agringada, que llegué a celebrar y defender Halloween disfrazada y mandarle un videito ñoño a mi hermana por su cumpleaños.
Noviembre. El fresquito se dignó a aparecer, hubo cambio de armarios y felicité desde lejos el cumple de mi otra hermana y de mi hermano, pero no tuve la comidorra oficial del domingo de ninguno de los tres. En vez de hermanos desde septiembre tenía tres hijas con las que me río, aprendo y me voy de expedición por el edificio en busca del amor. Más vivencias en el metro, más quemaduras en la lengua gracias a Starbucks y más Facebook iban llenando mi tiempo hasta el día D: mi TOEFL en el que juré en chino, hebreo y arameo tras haber estudiado durante semanas. Pero ahogué penas en mi primer Thanksgiving y ya hice un avance de este post, agradeciendo a todos los importantes de mi vida todo lo que tengo que agradecerles.
Y así pasé la última hoja del calendario que tan lejos veía por mayo y volví a casa (como buenamente pude). Diciembre, ese mes raro en el que comencé a echar la vista atrás poco a poco hasta hoy. Y vi todo lo que acabo de escribir. Vi que este año no lo puedo cambiar por nada del mundo aunque me haya hecho mayor sin darme cuenta, por fuera y por dentro, aunque haya tenido momentos en los que quería tirar todo a la mierda y en los que no he sabido qué hacer o por dónde salir. Pero continué, y continuo, con mi propósito incial, con mi ampliación de culturas (sin perder la mía propia) y escribiendo en este blog, que como una persona más se ha convertido en un sitio donde, a pesar de la distancia, estoy cerca de todos los que me leéis, con los que comparto lo que me pasa, pienso o siento y, por lo visto en los últimos días, a un par de vosotros os gusta. Y a mí que os guste me gusta aún más.
Así ha sido mi 2009: nuevo, largo e inolvidable. Espero que alguno tengáis un 2010 parecido, yo ya he tenido el mío así que no puedo pedir mucho más. Pasado mañana lo comparto en imágenes pero desde ya GRACIAS por haber estado de una forma o de otra conmigo en estos doce meses, porque si hubiera estado sola probablemente este post hubiera sido de tres líneas.
Feliz 2010.




9 comentarios:
¡Cuánto enlace!
Sin duda has puesto el listón muy alto para superarlo eh? Pero oye, nunca digas nunca (ya lo decía Fievel)
Sin palabras Miss Royo
y 2010 mucho mejor
besazo
Coge aire i fuerzas para el 2010, que te va a llevar más cerca de conseguir tus sueños!
Forta abraçada!
Ineshita!
Que lindo tu 2009! Creo que fuiste en contra de la corriente. Muchos se quejaron en este año, pero a vos te fue super!
El mio fue movido, loco, veloz, vertiginoso, excitante, con altibajos pero no me puedo quejar.... saque ganancia.
Feliz de haberte conocido en "tu año". Me divierto mucho con vos.
Ya te quiero. Abrazo
MV
JODER ROYO!!! estás para quejarte mona!!!
aprovecha todo lo que puedas por ahí, ya estás viendo que por aquí estamos los de siempre con lo de siempre y siempre te vamos a recibir ocn los brazos abiertos en la noche y en el día...
Quiero verte otro día antes de que te vayas, no sabes lo que se te ha echado de menos...
Besazo enorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrme
Mar
Qué gracia! He llegado a tu blog por casualidad y he dicho, ¡anda, si esta iba a mi clase!
A mí también me incluyó Orihuela como blog de Viajes. Veo que tú también viajas, yo nunca he estado en EEUU (bueno, en Puerto Rico sí) y la verdad es que me parece muy interesante.
Bueno, un saludo desde Alemania y disfruta de tu experiencia.
Inés
Este fue solo el primero, ahora mejora ano tras ano.
Gracias a vos por estar este ano en DC. Gracias por todo.
Un besote enooooooorme.
Feliz 2010.
Inesica, tráete ropa polar porque llevamos dos semanas que no subimos de Oº. Hoy, a las 12 noon, estábamos a -10º C. La leche. Avisa cuando llegues y vamos a buscarte al aeropuerto.
Publicar un comentario