
He ido de viaje, con lo cual tengo que contar la historia del viaje que como ya todos sabemos por esto, eso y aquello, y lo de más allá, (y más) es mi especialidad del mundo mundial.
Esta semana (y la que viene) el viaje era por trabajo. No salía de la provincia de Buenos Aires, pero como las distancias argentinas no son a escala normal, sino que son a escala estatrósferica, irse "aquí al lado" supone seis horas y medias de autobús. Que es más de lo que me cuesta ir a París en tren desde la frontera, pero es cuestión de acostumbrarse.
Así que me dispuse a ir a la linda y limpia estación de Retiro (todo irónico, irónico, es sucia y fea a más no poder) a las 8 de la mañana de un festivo, así que poca gente en el camino y mucho movimiento por la estación. El primer día que hice esto estaba cagada, ahora ya, una más...
Me compré un agüita y me subí al autobús. Y, un golpe a favor del transporte argentino, subí al autobús pero un micro argento es como la primera clase de un avión árabe. ¡Una locura! Las butacas son como un auténtico sofá, tienes para apoyar los pies y para reclinarte hasta 180 grados (depende del billete que compres: cama, ejecutivo o semicama). Pero el resumen es que yo quepo todo lo larga que soy sin que se me duerman las piernas. Así que viajar esas distancia pero con tanta comodidad, hace la cosa más llevadera.
Sabemos que me duermo de pie, si hace falta, y más siendo temprano, con el bus medio vacío y con sueño. Pero... aquí vamos con los peros... el lunes el que estaba detrás de mí decidió que él iba a dormir, y que los demás debíamos escuchar sus ronquidos. Y yo me ataco. Porque bueno, que alguien ronque no es tan grave, lo he sufrido alguna vez y no voy a decir nombres, pero eso no era un ronquido normal, eso era sobrenatural. Yo ya no me iba a dormir, pero es que me estaba dando miedo que ese hombre se quedará ahí en el sitio ahogado en su propia respiración, y pasé del mal humor a la angustia, y la segunda es mucho peor que la primera.
Entre ponte bien y estate quieta con la sinfonía angustiosa de fondo me percaté que en la goma que refuerza la ventanilla había agua, no unas gotitas, un buen charco que avanzaba para delante y para atrás según las maniobras del chófer. Y ahí mi bombilla semiencendida a esas horas de un festivo pensé "qué leches va a hacer ese agua en la curva..." y entonces comencé a mirar desafiante ese charquito de agua, cómo se comportaba y qué hacía hasta que descubrí que era mucha pero no la suficiente como para caerse encima de mí salvo que el autobús volcase hacia la izquierda. Cosa que esperaba no ocurriera, así que dejé de preocuparme por el agua.
El oso hormiguero seguía en la suya y en la tercera y última parada, en Quilmes, muy cerca de Buenos Aires antes de salir a la ruta hasta destino, el oso se despertó y me dí cuenta de que era el segundo chófer de a bordo (con esas distancias casi siempre hay dos) así que me puse contenta porque se iba a conducir, me acomodé y me dispuse a dormir las 5 horas restantes. Pero de repente subió un vendedor gritando la retaila de productos que tenía: "Facturas, fanta, café, coca, galletitas; facturas, fanta, café, coca, galletitas" (íbamos una docena de personas con una vez ya le oíamos). Y me prometí no quejarme ni abrir los ojos.
Arrancamos y a los 10 minutos, cuando ya estaba en el otro mundo más que en este, encima de mí el altavoz empezó, cuál avión se tratase, a presentar la flota de autobuses en la que viajaba, la historia, la vida de su fundador, de su hijo y su nieto, cómo compró el primer bus y cómo ha llegado hasta tener ese micro tan grande, lustroso y cómodo en el que yo estaba postrada.
Y volví a decidir no abrir los ojos hasta que terminará el video para después dormirme y no perder el sueño. Pero a los 15 minutos de escuchar obra y milagros del fundador, a un volumen considerable empezó una película, doblada a español latino, y con mucho ruido. "Pondrán los subtítulos, como siempre", pensé. Pero no, el chófer 1, que ocupaba la cama de los ronquidos al que le fui amablemente a preguntar me dijo que era el volúmen mínimo, así o muda. Y estuve a punto de preguntar a los 10 que me acompañaban qué leches querían si peli o silencio, pero me di media vuelta y me intenté dormir, sin mucha suerte hasta que la película, que oía a trozos, terminó.
Entre cabezada y cabezada vi que hacía sol, se fue nublando y se puso a llover (más cerca de destino-peor tiempo, regla que siempre se cumple si soy yo la que viajo) y cuando faltaban apenas 2 horas, vista la imposibilidad de descansar, me puse a leer. Y no paré hasta llegar, porque el libro está bastante bueno y llevaba tiempo teniéndolo en la mesilla (Storytelling, de Christian Salmon). A media hora de llegar, mandé un mensaje por chat a la persona que me iba a buscar, pero Blackberry Latinoamérica no quería quedarse atrás en el parón europeo de Blackberrys. Intenté llamar pero no podía y llegué y no había nadie, no sabía cuál era mi hotel, y, lo peor, no sabía ni siquiera dónde estaba la terminal a la que había llegado.
Así que me senté al rayo de sol que salió para darme la bienvenida, me despreocupé de todo y esperé a recibir señales de humo de a dónde ir. A la hora llegaba al hotel, piso 8 frente al mar. Algo bueno tenía que haber al final del camino.
4 comentarios:
Hace mucho que no te lo decía, y vuelvo a hacerlo ahora, aumenta el tamaño de...., la letra, nos vamos haciendo mayores y no vemos, es imposible leer toda esta parrafada con el tamaño de letra tan pequeño (Toño del Río es el primer comentario que me dejó, y le hice caso, que para eso lleva tantos años en esto)
El otro día estuve comiendo en el Buenos Aires, (ahora me explico, que haces donde estás)...
En fin que seguiría, pero no voy a ser como tú rellenando párrafos...
Un besazo.
Tus deseos son órdenes...
Hace mucho que no te lo decía: GRADÚATE LA VISTA!
un besazo
Divertido como todos tus viajes, Inés!!!
Yo viajé a Pinamar hace dos semanas, y la Terminal de autobuses es un desastre, sucia, horrible, deprimente!!! Y seguramente lo hice en la misma línea de autobuses, pues el video, era idéntico!!!
Besosssssssss!!!
MM, la de Pinamar??? uuhhhh no viste la de Gesell... ;)
beso
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