jueves, 4 de julio de 2013

La fauna del gimnasio


Estoy yendo con bastante frecuencia al gimnasio desde hace cuatro meses. Es la décima vez en mi vida que me apunto y ya es la vez que más estoy durando. Y gracias. Será que por haber invertido más tiempo en los últimos meses en esas cuatro paredes he sido capaz de identificar los seres que habitan en un gimnasio que, al igual que los seres que van de boda según Holden, cumplen unas funciones y tienen una serie de características que se pueden dividir en 7 grupos bien diferenciados.

1. El experto

Suelen ser hombres, para qué mentirnos. Son seres que no sé muy bien para qué van porque tienen marcados todos los músculos del cuerpo como el ser rojo que hay en los libros de Conocimiento del Medio de quinto de Primaria. Están a cualquier hora que vayas, tienen unas zapatillas con muelles de más de 1 centímetro, sudan aunque estén sentados hablando con el monitor (que obviamente es su amigo) y hacen mucho ruido y resoplan como Nadal cada vez que le da la pelota "aiiiii, uuuuufffff, aiirgggg, buf, buf, buf...". Cuando no están sosteniendo alguna pesa o hablando con el jefe se están mirando en el espejo de todas las posturas posibles. Como si tuvieran que confirmar que esos músculos siguen ahí y no se han deshinchado.

2. Las maduras

Estas suelen ser mujeres y van por la mañana. Son un grupo de mujeres avanzadas en edad que han perdido la vergüenza con los años. Hay de dos categorías, las que van correctamente uniformadas, con su pinza, con su radio, con su bolsita para la toalla y la botellita de agua, y las que pasan olímpicamente del tema y llevan un pantalón naranja de lino, con un polo amarillo, unas zapatillas heredadas de su hija y no sueltan el bolso ni en la cinta. Independientemente de la categoría, engañan porque las ves subir con las piernas unos pesitos o hacer estiramientos suaves y cuando estás a punto de morirte de risa te das cuenta que levantan la pierna como las bailarinas de ballet y que suben 40 kilos sin pestañear. Mis respetos desde ese día.

3. Los estupendos

Hay de los dos géneros. Son los que, profesionales, aficionados o esporádicos, van al gimnasio como si fueran a Esperanto (una discoteca muy mítica de Buenos Aires que merece post aparte). Ellas van conjuntadas hasta los calcetines, con deportivas de, a ser posible, algún color fluorescente, las uñas pintadas, maquilladas como si no hubiera mañana, tirabuzones recién hechos, una botella de agua de marca estilo Voss, Vitamine o similar, y tanga, que más que evitar que se note una braguita consiguen que se note el tanga. Es así. Ellos llevan camiseta de tirantes (musculosa para argentos) bien marcada, pantalón corto, deportivas negras o de color oscuro, gomina hasta en las pestañas y el iPhone, iPod, iTouch o derivados de mp3 en el brazo con su correspondiente velcro para que no se caiga.

4. Los concienciados por la causa

Suelen ser pocas las veces que no van a la misma hora. Están ahí para lo que están, hacer ejercicio, desconectar un poco y cuidarse. No les preocupa lo demás, es accesorio. Ellos suelen ir con un pantalón y camiseta de algún equipo de fútbol (que si justo esa semana ha perdido no se pondrán hasta la semana siguiente, tampoco es plan de ser masoca) y unas zapatillas normales, como llevábamos toda la humanidad hasta antes de que aparecieran las supersónicas. Ellas suelen ir con unas mallas y una camiseta que se ve lo suficientemente vieja para no podérsela poner para la calle y lo suficientemente entera como para hacer trapos de cocina. Son los más sanos, los que saludan al entrar y al irse y los que si ven a una viejita del grupo 2 que no llega a por la pesa le ayudan.

5. Las socias

Esto quizá solo hay en el mío. Son unas cuantas mujeres, no tan mayores como las del grupo 2, ni tan jóvenes como las estupendas, que saben todos los secretos del gimnasio, los horarios de las clases y los profesores, los días que abre y cierran, que ducha sale más caliente o más frío, a qué hora la piscina tiene menos gente... Da igual que sea marzo que julio que ellas siempre están morenas de solarium, son flacas y cuando las ves correr en la cinta entiendes que saben todo eso y están así porque han metido más horas en ese gimnasio que el ser que lo construyó, corren 45 minutos al 10 y no se les mueve la coleta. No sé cómo lo consiguen. 

6. Los mirones

Seguramente también sean las mironas pero por lo menos ellas disimulan más. Como entre una agraciada del grupo 3 que además de estupenda está buena se les acabó la tarde, ya no van a volver a concentrarse. Así que se dedican a ir de aparato en aparato sin apartar la mirada de la susodicha que estira como la viejas, pero más provocativa (porque está buena, lo sabe y lo explota), mientras el mirón intenta no perder la compostura entre sudores y pesas.

7. Resto de los mortales

No pertenecen a ninguno de los anteriores grupo o se identifican con sólo algunas características de alguno de ellos. Van al gimnasio, están muy motivados las primeras semanas, pero como haga frío, llueva o salga el sol, van a tener un plan mejor que ir a hacer ejercicio. Algunos se apuntan y matriculan con los cambios de estación, otros según su humor, pero siempre hay alguno que vaga por el gimnasio en busca de una cinta o de una elíptica en la que le dan al 6 o 10 según se han levantado ese día (¿rutinas? ¿para qué!).

Y yo pues no sé en cual meterme porque a veces voy al horario de las maduras, otras veces con las socias, envidio a las estupendas que encima están buenas, no estoy tan motivada como para estar en el grupo de los concienciados por la causa y me río mucho con los mirones de turno. Así que me voy a adherir al del resto de los mortales que según el humor corren más o menos. Bueno yo no corro, yo soy más de la elíptica y llevo los calcetines a conjunto del modelo, atrás quedaron los calcetines blancos con una raya negra y roja.


Pero sobre todo soy de ese grupo porque voy dependiendo del humor. Y esta semana no he ido todavía, por cierto.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me encanto!

Inés Royo Oyaga dijo...

Muchísimas gracias, tt!
Un abrazo,
INES