Yo era muy de televisión. Que también me gusta leer y esas cosas que se denominan más productivas, y de pequeña leía más que ahora, mucho más. Pero a mí la televisión era algo que me gustaba (-aba) y en lo que he empleado mucho tiempo a lo largo de mi vida. Además, es un tema muy recurrido en las conversaciones.
Hay programas que marcan una generación, los mismos que luego otras generaciones los vemos con asombro y no podemos creer que en el pasado existiera un bodrio semejante, y así nos pasará a nosotros con nuestros descendientes. El tema es que en lo más profundo de mi cerebro y vida de telespectadora hay momentos que no creo que olvide, que siempre comento y que no me puedo creer que se hayan quedado conmigo cuando los veo años después.
Durante el verano español-invierno argentino voy a recopilar mis 10 momentos de la televisión. Ya están elegidos, así que no se aceptan propuestas, así es la vida y esta vez pongo yo las reglas.
El primero:
El primero:
Escondidos interpretado por David Bisbal y Chenoa en la primera edición de Operación Triunfo, allá por el año 2001-2002.
¿Pero quién leches conocía esta canción antes de este momento? El 21 de enero de 2002 (Santa Inés, por cierto) casi 9.000.000 millones de personas vimos como Bisbal (por aquel entonces conocido en su casa de Almería, por sus rizos y su patada voladora) se comía a Chenoa con la mirada (la mallorquí que era un poco borde y luego enamoró a todos) mientras ésta estuvo a punto de sacarle un brazo cada vez que cantaban el estribillo.
Once años. Once años y yo todavía no puedo entender cómo podía ser el vestuario de Operación Triunfo tan malo. Esas camisas de satén y tela de forro que les cascaban a los pobres cantantes, esos vestidos de gasa y brillos que les ponían a las almas cándidas que sólo pedían una oportunidad en el mundo de la canción, ese coro con la colega con el pelo rojo que en cada edición lo llevaba de un color diferente... En fin...
Pero lo vimos. Y quien me diga que no, miente. Porque eso empezó como el primer Gran Hermano, como un "reality" que veíamos cuatro adolescentes en busca de nuestro Justin Bieber español porque ya se había acabado el fenómeno Spice Girls y daban los últimos coletazos de vida los Backstreet Boys. Pero terminó con todas las familias de España viendo como Rosa se iba a Eurovisión (cuando Eurovisión todavía era un premio); cantando en la final Mi múscia es tu voz con Nina y Kike Santander (a quien ninguno conocíamos pero sabíamos que era un tipo importante) y como Bustamante lloraba un día sí y otro también por cualquier cosa. Y miradlo ahora, casado con una de las mujeres más guapas del país y él como un tren... Qué bien han envejecido algunos.
El caso es que Operación Triunfo fue un programa para la historia de la televisión. Por primera vez se vendían productos de un programa de televisión en los quioscos, y la gente los compraba, se hicieron conciertos, CD, de todo. Y durante el verano de 2002 todos bailábamos una tras otra las canciones de los primeros triunfitos junto con otras en el siguiente orden: Aserejé de Las Ketchup, Ave María de Bisbal, Que la Detengan de David Civera, Atrévete de Chenoa, Torero de Chayanne, Te quiero más de los cinco de OT, Yo quiero bailar de Sonia y Selena y El aire que me das de Bustamante (oe, oe, oe, oaaa... Esa). Creo que los de la productora Vale Music siguen viviendo con las ganancias de ese verano.
Y Escondidos también marcó un antes y un después en el programa. Fue el primer día que cantaron como cantantes, que consiguieron (de la nada, porque nadie lo veía) un share del 54% y encima expulsaron a Naim Tomas que nadie entendía el motivo y razón por el cual seguía en ese escenario. Un programón se mire por donde se mire y no se admiten abucheos porque todos lo pensáis.
Y ya puestos a reconocer cosas, reconozcamos que nos sabemos la canción de cabo a rabo. Yo me la sé, entera, con coros incluidos. No sólo me la sé sino que en Noja (esas noches de verano que el 2x1 de kalimotxo hacía un efecto devastador) la cantaba a viva voz con María T. como si no hubiera un mañana (-aba, que hace mucho que no lo hacemos, la verdad) y no importaba nada.
Once años... Todavía no sé quién es el propietario de los derechos de la cancioncita, pero le debo muchos euros.
Y yo era de Bisbal, de toda la vida. Hasta la muerte.
Y yo era de Bisbal, de toda la vida. Hasta la muerte.
¿Dónde está Carlos Lozano, por cierto?

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