En la Facultad y el colegio, entre otras muchas cosas que se veían inútiles y luego no lo son tanto, me hicieron leer libros de todo tipo. Allá por la Primaria en un esfuerzo porque nos leyéramos como mínimo cuatro libros al mes, teníamos cada uno un cuento de Edebé forrado y marcado con nuestro número de clase (yo era el 5 de toda la vida) y cada quince días te lo cambiabas: recogías el que se estaba leyendo el anterior, en mi caso el 4 (Lara), y le dabas al siguiente el tuyo, yo al 6 (Leticia). En junio te llevabas el tuyo y 30 cuentos a tus espaldas más las clases de Lectura y Lenguaje. Ni tal mal.
Luego cada dos por tres llegaban vendedores de enciclopedias y colecciones al colegio. Yo caí en los libros de Leo Leo que siguen por mi casa. Me gustaban y creo que si me los volviera a leer me gustarían también, el libro, los juegos y el cómic final de la familia Tapónez (no estoy muy segura de esto del nombre) que regentaban el restaurante Casa Melitón y yo me sentía muy identificada con las historias como si hablasen del Buenos Aires y don Melitón fuera mi abuela. Nada que ver lo que pasaba en ese restaurante y en el nuestro, pero yo me lo imaginaba y me gustaba más.
Por la ESO (porque yo soy de la ESO, de los primeros, que hicimos de conejillos de indias a ver qué coño era ESO) ya la de Literatura se empeñaba un poco más en nuestra habilidad lectora y mandaba libros clásicos, de esa colección de tapa negra que para mí era de "mayores" y estaban escritos en castellano antiguo. Leí desde el Quijote (que confieso nunca lo terminé) hasta La Celestina. Y un día tocó leer el Lazarillo de Tormes y a día de hoy no lo he podido volver a leer porque le cogí tal paquete al libro que no quiero volver a imaginarme la historia contada a "Vuestra Merced". No lo entendí bien en su día, saqué un 5.0 en el examen y sólo me quedó en claro que era anónimo. Ya le daré en algún momento de la vida otra oportunidad, pero de momento no lo he superado.
Con 15 años me leí mi primer libro "serio": Nada, de Carmen Laforet. Y me sentí mayor por leerlo, porque me gustara y por entenderlo. Y más por seguir acordándome de él cuando mi memoria lectora es tirando a nula.
También me tocaron varios libros de religión y de ética que se suponía iba a ayudarnos a encontrar el sentido de nuestra vida, hasta que un día llegó a mis manos El hombre en busca de sentido (que lo tuve que volver a leer en la Universidad) y yo creí morirme de la depresión las dos veces por haber leído algo tan triste, pero años después tuve El niño de pijama de rayas y comprobé que vivía en un mundo paralelo de felicidad.
La Navidad pasada recibí uno de los mejores regalos que he recibido en la historia de los regalos: un Kindle (el mejor después de mi pupitre rojo y blanco que mi padrino me regaló cuando cumplí 6 años y del que me levanté cuando mi cadera ya no cabía en la silla con 11; en el que pintaba, veía la tele, hacía los deberes y no comía porque ya era demasiado). Que sí, "que el papel es un placer", "no hay nada como leer en papel", "un libro es un libro" y todo lo que se quiera poner entre comillas, pero yo me mudo cada año y medio y lo que pesan 4 libros son un par botas y tres camisetas y luego siempre voy dejando la mitad por cualquier lado, así que el Kindle es práctico, se lee muy bien y yo desde que lo tengo leo el triple.
Y todo esto viene porque la semana pasada me leí El guardián entre el centeno en dos tardes, un libro que ya había leído en segundo de Periodismo y del que sólo tenía un recuerdo: el museo de Ciencias Naturales de Nueva York (no tuvo gran impacto en mi persona por lo visto). Supongo que es un libro como El Principito, que no importa cuántas veces lo leas, siempre vas a entender algo diferente o a interpretarlo de forma distinta. Y a mí la semana pasada me pasó algo parecido: leí un libro que para mí era como si no hubiera leído nunca. En mi vida.
Y me quedé pensando en qué ha podido cambiar tanto en los últimos 8 años para que un libro ya leído me resultara nuevo. Y me di cuenta de muchas cosas. Muchas más de las que podía llegar a pensar sin haber releído el libro y supongo que otros tantos.
Miedito.
Con 15 años me leí mi primer libro "serio": Nada, de Carmen Laforet. Y me sentí mayor por leerlo, porque me gustara y por entenderlo. Y más por seguir acordándome de él cuando mi memoria lectora es tirando a nula.
También me tocaron varios libros de religión y de ética que se suponía iba a ayudarnos a encontrar el sentido de nuestra vida, hasta que un día llegó a mis manos El hombre en busca de sentido (que lo tuve que volver a leer en la Universidad) y yo creí morirme de la depresión las dos veces por haber leído algo tan triste, pero años después tuve El niño de pijama de rayas y comprobé que vivía en un mundo paralelo de felicidad.
La Navidad pasada recibí uno de los mejores regalos que he recibido en la historia de los regalos: un Kindle (el mejor después de mi pupitre rojo y blanco que mi padrino me regaló cuando cumplí 6 años y del que me levanté cuando mi cadera ya no cabía en la silla con 11; en el que pintaba, veía la tele, hacía los deberes y no comía porque ya era demasiado). Que sí, "que el papel es un placer", "no hay nada como leer en papel", "un libro es un libro" y todo lo que se quiera poner entre comillas, pero yo me mudo cada año y medio y lo que pesan 4 libros son un par botas y tres camisetas y luego siempre voy dejando la mitad por cualquier lado, así que el Kindle es práctico, se lee muy bien y yo desde que lo tengo leo el triple.
Y todo esto viene porque la semana pasada me leí El guardián entre el centeno en dos tardes, un libro que ya había leído en segundo de Periodismo y del que sólo tenía un recuerdo: el museo de Ciencias Naturales de Nueva York (no tuvo gran impacto en mi persona por lo visto). Supongo que es un libro como El Principito, que no importa cuántas veces lo leas, siempre vas a entender algo diferente o a interpretarlo de forma distinta. Y a mí la semana pasada me pasó algo parecido: leí un libro que para mí era como si no hubiera leído nunca. En mi vida.
Y me quedé pensando en qué ha podido cambiar tanto en los últimos 8 años para que un libro ya leído me resultara nuevo. Y me di cuenta de muchas cosas. Muchas más de las que podía llegar a pensar sin haber releído el libro y supongo que otros tantos.
Miedito.
+17.16.26.png)
No hay comentarios:
Publicar un comentario