miércoles, 17 de julio de 2013

La soledad y yo


Quiero reconocer, y lo voy a hacer ahora mismito, que tengo un problemita con la soledad. En realidad no con la mía sino con la de los demás o la que yo creo que es la de los demás.

Si hago memoria en mi vida sola, de sola, solísima y casi llorar por eso, sólo me he sentido dos veces. La primera fue un día en Washington DC, a las pocas semanas de llegar, una tarde de estas en las que llovía con ganas, yo seguía sin encontrar casa, sin saber decir más que lo básico en inglés y preguntándome a mí misma qué hacía yo ahí con lo bien que se estaba en España. La segunda en Buenos Aires en circunstancias similares solo que a los 10 días de llegar y con una gastroenteritis que no me daba ni para bajar a por Aquarius al chino ni para marcar algún teléfono de alguien al que conociera de más de 10 días. 

Dos días en 27 años y 3 meses. Pero vamos, que lo raro es que no me hubiera sentido sola ante tal panorama. Poco se me hace.

Mi problema viene con que no puedo ver a la gente sola, especialmente comiendo/cenando sola. No sé el motivo ni es algo que me guste sentir pero veo a una persona en un restaurante sentada sola en una mesa de dos, que generalmente les ponen al lado de la ventana, y se me cae el alma de la penita. Cómo esto es algo que viene de lejos ya lo he comentado con mucha gente. Todos me dicen que tengo una tara mental. Algunos me explican que hay gente a la que no es que le guste comer solo, es que le encanta. Gente que necesita un rato para estar consigo misma, para pensar, para despejarse, para estar en silencio y no soportar ni tener que hablar con nadie y que mientras ellos están disfrutando con su libro, su periódico y simplemente mirando por la ventana yo les estoy mirando con cara de cordero degollado porque me da "cosa" que estén solos. 

Otros que en vez de echar la culpa a una tara mental se la echan a mi sentimentalismo ocasional me dicen que no es necesario sufrir y que piense que detrás de alguien solo en una mesa no siempre hay Soledad, en mayúsculas. Puede haber una persona que está de paso en la ciudad y tiene hambre, puede ser una persona que esté esperando a otra y para no cagarse de frío se ha entrado a un bar (eso no me vale porque estos son fácilmente identificables, no se piden una pizza mientras esperan, se piden una caña como mucho) o que quizá puede ser un artista que necesita momento de inspiración y estar solo.

A mí todos los argumentos de los que me llaman loca y de los que me lo maquillan para no insultarme a la jeta me parecen estupendos pero es algo que yo no puedo controlar. Yo veo a alguien en una mesa comiendo solo (más aún si es cenando viernes o sábado) y me dan ganas de sentarme con él/ella y para cuando giro mi cabeza ya tengo al que duerme a la izquierda mirándome y me dice "¿Qué?, ¿nos sentamos con él?". Hasta tal punto me da "cosa" que me acuerdo que hubo una temporada en Washington que después de clase y antes de ir a cuidar a las niñas tenía que ir a trabajar un rato y comer fuera y si estaba sola prefería no comer o las tres semanas de campaña que pasé en octubre de 2011 en un pueblo costero argentino que para no cenar sola (primero por mi tema de la soledad y luego porque no había nada abierto en pleno invierno) estuve tres semanas cenando cereales o sandwich de jamón y queso en días alternos 

Ahora ya sí se me puede llamar loca.

De todas formas estamos trabajando en ello. Gracias al Kindle estoy empezando a disfrutar de un café y un buen sofá en alguna cafetería de Buenos Aires. Aunque puestos a reconocer, reconozco que no me siento 100 por 100 cómoda.

Cada uno tiene sus cosas. A mí me ha tocado ésta... si hay algún psicólogo entre los lectores y quiere manifestarse le dejo mi email en la barra derecha.

6 comentarios:

Unknown dijo...

yo lo disfruto.. y mucho Inés!

anamerin dijo...

Y yo también, a veces un poco de soledad viene muy bien. Es un pequeño espacio de tiempo que te regalas para ti.

Unknown dijo...

jajaja me meo Inés, me encantan tus reflexiones. Reconozco que yo también he tenido ese problema muchas veces, pero al final, por necesidad, he conseguido romper el hielo y cogerle el gustillo a eso de estar conmigo misma :)

Inés Royo Oyaga dijo...

Bea, ya sé... no sabes lo que te envidio...

Ana, si yo me regalo mucho tiempo, ¡pero en mi casa! Habrá que aprender. ;)

Helenita, gracias. Sí, claro, ahora mismo me pasa y no dejo de comer como hace 4 años, signo de que vamos avanzando... ¡yeah!

Un beso enorme a las tres (no sabéis la ilusión que me han hecho los comentarios! jaja)

Nuwanda dijo...

Yo soy muy de estar solo. Sobre todo para leer y para escribir, dos vicios ;)

Eso sí, locas estáis todas.

Inés Royo Oyaga dijo...

Uy, Nuwanda que no había visto este comentario...
jaja, todas no, algunas más que otras...
Un beso enorme!