jueves, 11 de julio de 2013

El día que ganamos el Mundial


Hace tres años, camiseta y bandera en mano, estuve gritando en medio del Obelisco de Buenos Aires todas las canciones que incluían la palabra "España"o "campeones" hasta que mi garganta dijo basta. Y aunque ya han pasado 36 meses, para mí han sido como 36 minutos.

El Mundial del 2010 para mi era especial. Estaba muy lejos de casa así que no iba a poder ver los partidos con mi padre como acostumbraba y además estaba en Argentina donde ya me habían avisado que, de no ganar, la depresión nacional podría durar un mes como mínimo.

En no sé qué empeño de que yo aprendiera SQL (un programa estadístico -me han corregido, no es un programa, es un lenguaje- de esos de muchas tablas, muchos números y muchas cosas que no entiendo a día de hoy) mis jefes me apuntaron a un curso que justo comenzaba el día que España se estrenaba en Sudáfrica frente a Suiza. Yo que soy muy aplicada fui al puñetero curso, en pleno Microcentro (ese barrio porteño que no aconsejo ni al peor de mis enemigos) y de vez en cuando echaba un ojo al Marca para ver cómo iban. Y ahí, en una de las ojeadas, vi de repente un 0-1 que me encogió el alma. Cuando llegué a la oficina tenía encima de mi mesa una tableta de chocolate con la bandera suiza. Compasión la mínima. Esto es Argentina, el fútbol es así. Así que yo declaré la guerra.

Cuando llegué a casa esa tarde me calcé en la muñeca una pulsera con la bandera de España que colgaba de mi maleta. Ese tipo de pulseras que si me la pongo en la Península sería un signo de facha. Esa. Yo me la puse y no me la quité ni para ducharme porque, aunque la historia y las estadísticas, y los comienzos y los titulares con la pobre Carbonero como dueña y causa de todos los males (como Arbeloa hoy en día) y el puto pulpo apuntaban a que no íbamos a pasar de cuartos, yo quería creerme que sí y quería defender a mi Selección como si fuera la mejor del universo ante los argentinos que tanto me hinchaban las pelotas.

Fuimos avanzando, fuimos ganando, fuimos demostrando cómo leches se hacen 14 pases seguidos sin que te quiten la pelota, por el camino se quedó Francia, Italia, Argentina (y llegó el silencio a una de las ciudades más ruidosas del mundo, y la depresión prometida y advertida), me ponían reuniones a la hora de los partidos de España, decían que una Eurocopa no era signo de nada... y entre una cosa y otra un 11 de julio me desperté junto con mi amiga Elena, a las 10 de la mañana y vestida de rojo, para recorrerme Santa Fe y Florida en busca de una camiseta de España que no tuviera que pedir un crédito para pagarla. En 3 horas conseguimos que un grupo de vascos nos pintara en la cara la bandera de España en las puertas del hotel Plaza y una camiseta blanca con el signo de la federación y un "España" en la delantera. Suficiente. 

Tras dar mil y una vueltas buscando un bar con gente para ver el partido que empezaba a la hora de comer, en el bar número 5 miramos hacia atrás y nos dimos cuenta de que ya no éramos 15 sino casi 40, así que con conseguir un bar vacío nos bastaba, ya lo íbamos a llenar. Lo encontramos. Nos sentamos. Y empezó el infierno. Yo sudaba (pleno invierno), gritaba, me levantaba cada 5 minutos porque no podía creer que no iba a poder llamar a mi padre para gritarle "campeoooooonessss" por teléfono aunque la llamada me iba a salir como la camiseta. Pero ahí, entre cerveza, patatas, un fernet, otras cuantas cervezas y una coca cola para rebajar, llegó el minuto 116 en el que empecé a llorar y se me puso el corazón a la misma velocidad que el día que me monté en un avión para irme de España. 

Y llamé a mi padre. Y le grité. Y fui cantando desde Reconquista y Marcelo T. de Alvear al Obelisco como si no hubiera un mañana y por el camino me pude comprar una bandera de España como dios manda, bueno, dos, que una la rompí en el momento (porque aquí los bolivianos son como los chinos, tienen una rapidez innata para vender lo que se necesita en cada momento). Porque si de normal digo con la boca bien grande que soy española (a día de hoy también aunque detrás vaya un "están al horno, ¿no?") ese domingo de julio lo hice a grito pelado sin importar la hora, el lugar, ni los modales. 

Y al día siguiente sufrí las consecuencias en la oficina. Mi no voz y mi lumbago me impidió decir todo lo que tenía para decir pero compré El País por el camino y lo colgué detrás de mi silla. Y no me quité la pulsera hasta que se pudrió dos meses después.

Habíamos ganado un Mundial por primera vez en la historia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Una pequeña corrección:
SQL - Lenguaje de Consulta Estructurado (structured query language) lenguaje de acceso a bases de datos relacionales que permite especificar diversos tipos de operaciones en ellas.

Saludos.

Inés Royo Oyaga dijo...

Gracias! Corregido!
No me gustaba mucho el lenguaje declarativo como puedes ver.